Separa el argumento de quien lo argumenta

Aborda la afirmación por sus méritos, no los motivos ni el carácter de la persona.

Why it works

El razonamiento ad hominem es cognitivamente barato y resulta satisfactorio: atacar a la persona descarga la carga emocional sin exigir engancharse con el argumento real. Pero un mal argumento de una persona creíble sigue siendo un mal argumento, y un buen argumento de una fuente poco fiable sigue siendo bueno. Mantenerlos separados es a la vez lógicamente necesario y emocionalmente desescalador.

How to do it

  1. Antes de responder, pregúntate: «¿Mi reacción es a esta afirmación o a quién la ha dicho?».
  2. Enuncia explícitamente tu enganche con el argumento («Sobre la afirmación de que...») en vez de caracterizar a la persona.
  3. Si de verdad necesitas hablar de motivos, márcalo: «Esto no va del argumento, sino del contexto».

Evidencia

La falacia ad hominem está entre las falacias informales mejor catalogadas de la lógica; su prevalencia está documentada en la investigación de psicología política, que muestra que la gente evalúa argumentos idénticos de forma muy distinta según la fuente declarada. (observational)

La lógica es sólida; el desafío empírico es que la credibilidad de la fuente sí conlleva cierto peso epistémico genuino (los expertos aciertan más a menudo), de modo que la habilidad está en el discernimiento, no en ignorar la fuente por completo.

Sources

  • Lord, Ross & Lepper (1979), biased assimilation of evidence based on prior attitudes, Journal of Personality and Social Psychology

Common mistake

Descartar una afirmación por completo por el sesgo conocido de la fuente — «claro, ellos dirían eso» — sin engancharse con si el argumento tiene mérito en sí.

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