Mensajes en primera persona: cómo expresarte sin desencadenar actitudes defensivas

La técnica, sus trampas y cómo lograr que suenen auténticas en lugar de mecánicas

¿Los mensajes en primera persona funcionan de verdad y cómo los usas sin sonar acartonado?

Los mensajes en primera persona —comunicar desde tu propia experiencia ("me siento…") en lugar de hacer afirmaciones sobre la otra persona ("tú siempre…")— están entre las habilidades de asertividad más enseñadas. La justificación teórica es sólida: describir tu propio estado interno tiene menos probabilidades de desencadenar una actitud defensiva que evaluar el comportamiento de la otra persona. La práctica clínica los respalda; la evidencia de ensayos controlados para los mensajes en primera persona en concreto es limitada, y los mensajes en primera persona mal ejecutados (acusaciones disfrazadas) a menudo resultan contraproducentes.

Los mensajes en primera persona fueron desarrollados por Thomas Gordon en la década de 1960 como parte de su programa de Formación en Eficacia Parental (PET) y desde entonces se han convertido en un pilar del entrenamiento en asertividad, la terapia de pareja, la resolución de conflictos y la comunicación en el trabajo. La idea central es simple: habla desde tu propia experiencia en lugar de hacer afirmaciones sobre la otra persona. Pero simple no significa fácil. El modo de fallo más común es un mensaje en primera persona que en realidad es un mensaje en segunda persona con una apertura cortés: "Siento que estás siendo irracional" es un juicio disfrazado de mensaje en primera persona. Las prácticas que siguen cubren cómo hacerlos bien, por qué funcionan y cómo lograr que se sientan naturales.

Prácticas

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