La ciencia de la siesta

El momento según la fase del sueño, la rueda de siestas y los verdaderos beneficios cognitivos de la siesta diurna

¿Cómo se echa una siesta eficaz para mejorar la concentración y el rendimiento?

La investigación del sueño de Sara Mednick muestra que las siestas programadas estratégicamente —ajustando la duración a la etapa del sueño que necesitas— pueden restaurar el estado de alerta, consolidar la memoria y mejorar el rendimiento perceptivo casi con tanta eficacia como una noche completa de sueño en algunos ámbitos. La evidencia para los beneficios de las siestas cortas (estado de alerta, ánimo) es sólida; las afirmaciones sobre la consolidación completa del aprendizaje solo con siestas requieren más matices.

La mayoría de las personas afrontan las siestas de forma azarosa: se acuestan cuando están exhaustas y despiertan desorientadas. La investigación de Sara Mednick en Harvard y en la UC San Diego estableció que los beneficios de las siestas dependen drásticamente de la etapa: una siesta de 20 minutos aporta beneficios de estado de alerta y motores, mientras que una siesta de 90 minutos puede recorrer la REM y producir los efectos de consolidación del sueño más largo. Acertar con la siesta es sobre todo un problema de momento y duración.

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