Sesgo de Omisión: Por Qué No Hacer Nada Se Siente Más Seguro Que Actuar

El costo oculto de no hacer nada, y seis formas de convertir la inacción en una elección visible

¿Por qué la gente juzga las inacciones dañinas como más aceptables que las acciones igualmente dañinas?

El sesgo de omisión, documentado por Spranca, Minsk y Baron (1991), es la tendencia a juzgar las inacciones dañinas como menos reprochables moralmente que las acciones igualmente dañinas, y a elegir la inacción incluso cuando actuar produciría mejores resultados. Está impulsado por la asimetría moral entre hacer y permitir, pero subvalora sistemáticamente los costos reales de no actuar.

Spranca, Minsk y Baron (1991) documentaron el sesgo de omisión mediante escenarios que mostraban que la gente juzgaba de forma consistente las inacciones dañinas como menos reprochables que las acciones dañinas equivalentes, incluso cuando los resultados eran idénticos. El sesgo es particularmente consecuente en las decisiones médicas (rechazar una vacuna frente a aceptar una que causa el mismo riesgo), los debates de políticas (daño pasivo frente a daño activo) y las elecciones personales donde la opción por defecto que se siente segura es en realidad peor que la alternativa incómoda. Las prácticas aquí apuntan al mecanismo específico: hacer que los costos de la inacción sean tan vívidos como los costos de la acción.

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