Metas ambiciosas: cuándo ayudan los objetivos exigentes y cuándo salen mal

La investigación detrás de las metas ambiciosas, sus verdaderas condiciones límite y cómo aplicarlas sin riesgo

¿Las metas ambiciosas mejoran realmente el rendimiento, y cuándo perjudican?

Las metas ambiciosas —objetivos fijados muy por encima del rendimiento actual— están entre las intervenciones más estudiadas en la investigación sobre motivación. Cuando las organizaciones o las personas cuentan con recursos suficientes y un historial de éxitos previos, las metas ambiciosas mejoran el rendimiento; cuando los recursos están agotados o la brecha de capacidad es demasiado grande, aumentan de forma fiable la asunción de riesgos, las trampas y la desmoralización. El consejo de «siempre exígete más» ignora esta importante condición de contorno.

La teoría del establecimiento de metas de Edwin Locke y Gary Latham es uno de los cuerpos de trabajo más replicados de la psicología organizacional: las metas difíciles y específicas superan sistemáticamente a las vagas o fáciles. Pero la extensión de la «meta ambiciosa» —fijar objetivos drásticamente por encima de la capacidad actual— tiene un historial empírico más complicado. Investigaciones más recientes, incluida una revisión crítica de Sitkin y colegas, muestran que las metas ambiciosas rinden mejor solo bajo condiciones específicas. Las prácticas que siguen reflejan ese panorama más matizado.

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